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La Biblia declara en Heb. 2:14 que fueron hijos de Dios los que participaron de carne y sangre para manifestarse a este mundo natural y material. Por lo tanto el hecho de haber nacido no anula el derecho de ser hijo, pues una vez hijo siempre hijo.
Entendemos que la desventura del hombre fue en su cuerpo de carne, afectado por la rebelión de Adán que a la vez lo separo de la gloria de Dios, pero que en su espíritu siempre suyo siendo un hijo predestinado para Dios. Job. 10:10-12.
La Biblia declara que no es el que quiere ni del que corre, sino de Dios que usó su misericordia Soberana para elegir y predestinar a sus hijos desde antes. Ef. 1:4. Romanos 9: 11-16.
Por lo tanto no hay tal libre albedrío para buscar a Dios o salvarse, sino que la salvación fue un acto Soberano de Dios el cual lo manifestó y consolido en la cruz. Tito. 3:4-5.
Sabemos que nuestra existencia es desde antes en Dios, y que emanamos de él antes de todas las cosas creadas, Job. 38:4-7 y 21. Sal. 33:6.
Es por esta razón revelada que creemos y aceptamos que no somos de este mundo sino del cielo. Juan. 17. 1-26. Fil. 3:20. Entendemos que uno es ciudadano de donde nace, y si nuestra ciudadanía esta en los cielos entonces vemos que allí nacimos, de allí somos y para allí vamos.
Dios dice que no nos creo para el infierno ni la condenación, sino para su gloria. Isaías. 43:7
Nuestra elección no fue algo ala azar de Dios, sino previo a un conocer de Dios de sus hijos desde antes. Rom. 8:29.
Además Dios no nos escogió ahora sino desde antes para esta salvación Soberana. II Tes. 2:13. Este conocer viene desde antes de nuestro nacimiento de carne. Jer. 1:5.
Y estando allí en el cielo con nuestro Padre Celestial, fuimos enseñados en esta verdad espiritual. Jn. 6:45.
Y fue allí en estado angelical que nos fue dada la Gracia que hoy se ha manifestado en nuestras vidas por la fe. II Tim. 1:9.
Cuando hoy escuchamos los misterios de esta Gracia, nos sentimos identificados con esta verdad, por ser del espíritu y para el espíritu. Rom. 6:17.
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